
A menudo, cuando pensamos en nuestra niñez, nos invade una sensación de nostalgia y melancolía. Pero, ¿qué tal si en lugar de quedarnos estancados en el pasado, recuperáramos la esencia de nuestra niñez y la lleváramos a nuestra vida adulta?
Para mí, recuperar la niñez no significa volver a ser aquellos niños que ya no somos. Eso sería deprimente. En cambio, significa reconnectarme con las cosas que me hacían feliz, con las actividades que me apasionaban y con las personas que me rodeaban.
Recuerdo que de niña, me encantaba que mi hermana me abrazara. Me ponía su brazo por encima de mí mientras ella dormía, solo para sentir que me abrazaba. Hoy en día, le digo todos los días lo mucho que la amo. Ese amor y conexión que sentí de niña sigue vivo en mí.
También recuerdo que me encantaba jugar a la doctora con mi mamá. Le curaba y le trataba los «gusanos de la barriga» (que en realidad eran pedazos de algodón). Hoy en día, uso mi estetoscopio con orgullo y tengo muchos pacientes y empleados que dependen de mí. Me llaman su doctora favorita.
Además, siempre me gustaron las competencias y los desafíos. Hoy en día, tengo certificados por coleccionar donde competí en nacionales de Matemáticas, Química, participé como juez en las olimpiadas de ciencia, ayudé a muchos estudiantes desabilitados y tengo premios por ser una líder latina ejemplar.
Muchos me consideran incansable porque ellos ya se hubiesen rendido, pero yo sigo. Aprendí a creer en mí misma y a nunca dudar de mis capacidades. Cuando me propongo algo, sé que puedo lograrlo. Lo difícil que a muchos les cuesta es aceptar que ganar no es quien llegue primero, sino es llegar. Yo llegué muchas veces y seguiré llegando. Esta persistencia le molesta a otros y lo llaman egoísmo. Pero, como dice el dicho, “el cielo es el límite”, bueno, quizás mi cielo es más alto que el de ellos.
Recuerdo con cariño las historias que mi papá me contaba sobre la pesca. Pero lo que más me impresionaba era su actitud frente a los desafíos. Él siempre quería que el barco se hundiera, no porque fuera un pesimista, sino porque sabía que tenía la capacidad de superar cualquier obstáculo. Mi papá sabía que podía respirar hasta 6 minutos debajo del agua sin problemas y que tenía la fuerza para nadar hasta la orilla, a pesar de la temperatura del agua y el mal clima.
Hoy en día, no olvido de dónde vengo y sé lo que soy y lo que puedo dar. Yo aprendí que el optimismo no es solo una actitud, sino una forma de vida. Tengo mucha fé en que el destino está escrito, pero nuestras decisiones influyen en la calidad de ese destino. Por lo tanto, creo que la fé es saber que alguién te cuida o que algo va a suceder, mientras que el optimismo es la creencia en uno mismo, saber que lo harás sin importar los factores a tu alrededor.
Cuando recomiendo recuperar la niñez, no significa que vivamos en el pasado, ni que nos estresemos por el futuro, sino cumplir hoy lo que siempre quisiste hacer o tener.
Recuperar nuestra niñez es reconnectarnos con la esencia de lo que nos hace felices y llevarlo a nuestra vida adulta. ¿Qué actividades o pasatiempos de tu niñez te gustaría recuperar?
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